Vladimir Putin y su mirada condescendiente a Donald Trump.

¿Se debilita el agarre de Estados Unidos en el mundo?

Los Estados Unidos de América están poco a poco dejando de ganar y retrocediendo terreno en el globo geopolítico. Desde el derrumbe de la Unión Soviética los rusos cayeron en un proceso de reestructuración de la clase zarista de al menos 20 años, en los que EE.UU. logró expandir sus horizontes políticos y económicos. Algo similar ocurrió en China, quizás más enfocado en materia de negocios y economía.

En la última década, Rusia ha ido fortaleciendo su economía a costa de países a los cuales se ha asociado. En el Medio Oriente, la intervención militar rusa en Siria en el 2015 significó la supervivencia de Bashar al-Assad. Esta presencia en la zona también ha ayudado con su viejo aliado Irán y con otros aliados de Estados Unidos como Arabia Saudita, Israel y Egipto. Y los espacios dejados por los estadounidenses en Afghanistán e Iraq durante el gobierno de Barack Obama, poco a poco han sido ocupados por oligarcas y empresas estatales rusas que están invirtiendo y aprovechándose de contratos económicos y militares jugosos.

En África, los rusos se han concentrado en la energía y minerales, con compañías como Gazprom, Lukoil, Rostec y Rosatom ocupando un mercado amplio y necesitado. En el continente, más de 600 millones de personas no tienen electricidad y esa ha sido la puerta de entrada. Muchas de estas compañías rusas son de mayoría estatal y los contratos son para construcción de plantas de energía nuclear a cambio de depósitos minerales de platino, diamantes y uranio. Desde el 2005, la presencia de los moscovitas se ha incrementado en Ángola, Congo, Zimbaue, Namibia, Nigeria y Uganda.

Pero además, no sólo se trata de acuerdos económicos, sino también militares. Estados Unidos era conocido por controlar el mercado de armas en los años 90 en África, y posteriormente en el Siglo XXI el Medio Oriente. Desde que su presencia ha mermado en ambas zonas, la rusa se ha incrementado. En el continente africano, son ahora los rusos los que tienen acuerdos de índole técnico-militar con países como Etiopía, Zimbaue, Nigeria y Sudán para citar algunos ejemplos.

Los rusos dejaron mucho espacio en Medio Oriente, África y por supuesto Europa del este y abandonaron casi totalmente a Cuba. Y la presencia estadounidense que había luchado fuertemente durante más de 50 años a la rusa en esos territorios aumentó, excepto en Cuba, pero ahora parece disiparse. A pesar de que los golpes de estado al final prohibieron durante la Guerra Fría un aumento de la izquierda y de gobiernos de esta índole en la región latinoamericana, la democracia no fue suficiente para que los países progresaran. Quizás solo Chile se ha convertido en un ejemplo para el resto de América Latina, pero ahora requiere de reformas. Por supuesto, esto en parte es culpa de la influencia yanqui, pero también de los propios ciudadanos, que al final siempre han optado por repetir prácticas corruptas y pensar como grupos sociales individuales y no como países con proyectos de nación.

John Perkins nos demostró que el gobierno estadounidense siempre ha visto a Latinoamérica como una sociedad muy distante de las de una en vías de desarrollo, aunque en papel digan lo contrario. Así nos vieron y así nos ven, dependiendo del gobernante y otras características (económicas, sociales, jurídicas). Pero siempre en sus ojos estaremos varios pasos más atrás. Y no por considerarse superiores, sino más bien, por nuestro propio comportamiento social y político.

Lo que si han tenido claro los norteamericanos durante todos estos años es que una política económica como la rusa no le conviene ni a los países de la región ni a su país. El sistema político ruso no es más que un escollo de poderes entremezclados, en los que al final, sólo dos tienen la última palabra, y así se rigen. Su interés es el mismo que el del “imperio yanqui”, pero a un costo político y social mucho mayor.

La presencia rusa en Venezuela, así como en Nicaragua, ha desestabilizado la región con el apoyo a dictaduras como la de Nicolás Maduro y Daniel Ortega principalmente. Pero también poco a poco ha resurgido Cuba, aunque ahora con la incertidumbre del régimen de Maduro se avecina a una debacle similar a la de los años 90.

Por otra parte, China también ha ido ganando terreno con su explosión económica, expandiéndose por Asia, África, América Latina y El Caribe. La inversión china en países para proyectos de infraestructura con capital y maquinaria propia, ha comprometido a países como Bolivia y Ecuador. Pero también la exportación desde el 2004 a Chile, Panamá, Brasil, Argentina, Perú y México ha ido incrementándose.

Las sanciones de Estados Unidos al país asiático sin embargo, no han surtido el efecto inmediato. Puesto que China ha movido gran parte de su producción a África donde la mano de obra es muchísimo más barata, y la exportación hacia algunos países de las Américas incluso más rápida. Pero además, se ha creado una nueva posibilidad de alianza rusa-china, que podría empeorar mucho más la situación para los estadounidenses. A pesar de que el país asiático se distanció de las políticas rusas hace más de 50 años, una nueva alianza podría construirse, al menos indirectamente, con un fin común: continuar acorralando el poder de Estados Unidos. Por supuesto, esto es una especulación, dado que las formas en que una y otra potencia se maneja difieren. Por un lado los chinos utilizan estrategias económicas para comprometer a los países, los rusos basan más su apoyo en militarismo y asesorías político-diplomáticas. Los últimos parecieran aceptar que el poder económico chino es superior al suyo, algo muy similar a como ocurrió con el Reino Unido y Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial.

Por último, está por ver si las transformaciones políticas que está sufriendo el gigante del norte internamente, no continúan debilitando su política exterior, y si al final, solo se trata de un ciclo de reestructuración similar al realizado tanto por Rusia como China muchos años atrás.

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